Restablecer la confianza si se puede

Cuando la infidelidad irrumpe en la vida de una pareja, sacude muchos de los pilares sobre los cuales se apoya la relación, pero el que se ve más afectado es el de la confianza. Sin confianza, no hay relación posible. Por eso ante el quiebre de la confianza, nos quedan dos caminos, que muchas veces confundimos:

  • Perdonar y elegir no renovar la confianza, por lo tanto, no continuar en la relación de la manera en que se venía dando.
  • Perdonar con el propósito de continuar confiando en la pareja y de esta manera darle una nueva oportunidad a la relación.

Reconstruir el vínculo de la confianza es el desafío más grande. No se logra de un momento a otro y exige de la pareja el compromiso de darse un tiempo de escucha y comprensión para poder entender y así volver a juntar los pedacitos de la relación que queda muy frágil por ambos lados. Es vital salir de la tentación de la sobre-simplificación de buscar a “el o la” responsable del doloroso engaño, porque en una pareja las responsabilidades son siempre compartidas. Cuando pueden aceptar eso, recién se abrirá un espacio de receptividad para poder explorar qué los llevó a ese punto de desencuentro.

La herramienta principal para reconstruir la confianza es la comunicación. Trabajar en el desarrollo de una buena comunicación es una tarea cotidiana y que implica no sólo el buen trato, sino también ejercer nuestra capacidad de ser asertivos. Esto involucra la habilidad de expresar nuestros deseos de una manera amable, franca, abierta, directa y adecuada, logrando decir lo que queremos sin atentar contra los demás.

Algunos aspectos de la comunicación cotidiana a tener en cuenta durante el proceso de la reconstrucción de la confianza son los siguientes:

  • No dar nada por sentado. Con el paso del tiempo tendemos a pensar que el otro sabe y entiende qué y cómo quiero ciertas cosas. No nos tomamos el trabajo de explicarlo o pedir lo que nos hace falta porque no sólo creemos, también exigimos que el otro sepa que necesitamos. Movernos en ese contexto de obviedad lleva a muchos malos entendidos.
  • Aprender a hacer acuerdos. Esto está muy ligado al punto anterior. Acordar con nuestra pareja ciertas dinámicas de la relación primero supone conocer bien qué cosas estamos dispuestos a ceder y cuáles no. Luego, poder expresarlas adecuadamente y quizás el aprendizaje más grande, saber negociar para lograr acuerdos que sirvan como marcos de referencias explícitos a la relación. Esto se traduciría en que ambas partes sepan cuáles son los límites de cada uno.
  • Aprender a pedir. Y esto también está ligado con el primer postulado. Muchas veces caemos en el vicio de esperar que el otro me adivine la mente porque no sabemos pedir. Puede ser por miedo a que nuestros pedidos suenen a reclamos o simplemente por no saber cómo articularlos, desde las cosas más sencillas, hasta las más íntimas. En esto la intervención de un terapeuta puede ayudar mucho en la práctica del diálogo efectivo en la pareja.

Reconstruir el vínculo después de una infidelidad requiere de mucha honestidad y compromiso de ambos lados. Confundir el perdón, sin poder reconstruir la confianza, solo alimentará un círculo vicioso de reclamos y búsqueda de reparación. Las parejas que logran poner su energía en entender qué les pasó para haber llegado al punto del engaño, tienen más posibilidades de superar la crisis y salir de ella fortalecidos.


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