Martin Luther king decía que “la pregunta más constante y urgente en la vida es: ‘¿Qué hacemos por los demás?”.

Es una frase hermosa, pero a mi modo de ver muchas veces mal entendida ya que, si no soy capaz de empezar haciendo algo para y por mí, lo que haga para los demás estará siempre incompleto.

Cuando uno viaja en avión y le explican lo que debe hacer en caso de emergencia, siempre indican que primero debe colocarse uno la máscara de oxígeno, aun viajando con un menor, y luego, solo después, ayude a los demás. Esta es una linda metáfora que ilustra lo que quiero reflexionar hoy.

¿Por qué creen que pasa esto? En el caso del avión es evidente y contundente, ya que, si perdemos el conocimiento o nos desvanecemos, no podremos ayudar a nadie más. Pero en la vida pasa exactamente lo mismo, si no nos hacemos cargo de nosotros mismos, sino invertimos tiempo y atención en procurarnos lo que necesitamos para nuestro bienestar y equilibrio, difícilmente podremos compartir o ayudar a los demás, de una manera sana.

No son pocos los pacientes que llegan a mi consultorio tratando de cambiar la vida de otras personas. Pensando que, si esas personas cambian, sus vidas serán mejores y más felices. ¡Cuánta energía puesta en el afuera! Nos pasamos días, meses y años viviendo en función de los otros, sin darnos cuenta, que es primordial hacer ese trabajo con nosotros mismos. Hay que empezar por casa, por uno y muchas veces es complicado, porque como dice el dicho, “es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, que la viga en el propio”.

También, impregnados por nuestra tradición judeo-cristiana de lo importante del sacrificio por los demás y vivir una vida heroica, nos hicieron creer que priorizarse es ser egoísta. ¡Lo más increíble de todo es que vivimos así, sin darnos cuenta, sin cuestionarlo!

Personalmente, tuve que vivir historias fuertes para aprender por fin a ponerme en primer lugar. Perdí oportunidades de viaje por quedarme al lado de un novio, somaticé con enfermedades dolorosas, por no animarme a expresar lo que sentía y por miedo a herir a los demás. Pasé muchos años tratando de ser aceptada y querida, complaciendo a los demás, dando de manera desmesurada, sin la consciencia de la importancia de saber recibir. ¡Con decirles que llegue hasta casarme con un hombre solo porque mi familia lo quería!

Cuándo mis pacientes me preguntan, pero ¿qué significa eso de ponerme en primer lugar? Les respondo:

  1. Conocerse bien para saber qué quiero y qué no quiero
  2. Aprender a pedir de manera clara y amorosa
  3. Ponerse siempre en el lugar de los demás antes de decir o hacer algo
  4. Comprender que las personas que se nos cruzan por la vida tienen un propósito para nuestro proceso, así a veces sea doloroso
  5. Estar abiertos a trabajar de adentro hacia afuera, con ayuda de alguien que sepa conducirnos en ese viaje, en caso que sea necesario

No les puedo decir que es un camino rápido y fácil, pero lo que si les puedo decir, es que amarse a uno mismo no es ningún pecado y que aprender a hacerlo es el primer paso para tener relaciones sanas.


Leave a Reply

Your email address will not be published.